La Paz

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La Paz vista desde el Teleférico Amarillo, descenso desde El Alto al centro de la ciudad.

Para donde se mire, por absurdo que nos pueda parecer, encontraremos viviendas, no existe plano, pendiente, quebrada u oblicuo que esté libre de ellas. Un lugar imposible para la vida humana pensaría quien observa la complejidad del terreno donde está situada la ciudad, pero ahí está con sus casi 780 de habitantes que la conforman, que sumado a los municipios aledaños da un total de 1.8 millones de habitantes. Tales límites son imperceptibles a la vista,  tan sólo algún cartel nos avisa que estamos en El Alto u otro lugar. El paisaje es claramente altiplánico, con montañas que rodean la ciudad como una muralla elevándola a sus 3.6oo m.s.n.m. donde el oxígeno es esquivo, interrumpido por el nevado e imponente Illimani, que no sólo nos roba la atención sino que nos sirve de referencia, estando al sudeste de la ciudad. Parece una enorme olla en degradé que se va espesando hacia el centro cóncavo, donde condensa una masa arquitectónica enorme, y que se va perdiendo en la montaña con casitas apenas visibles. El marrón con verde de las montañas es interrumpido por una orquesta de ladrillos huecos color naranja, que es mayoría en la ciudad y fachada distintiva de toda construcción que no sea gubernamental o eclesiástica. Hacia el sur de la ciudad, como si ya no fuera suficiente espectáculo geológico, se encuentra el Valle de la Luna, un área de pequeña extensión pero que deja bien en claro el porqué de su nombre. Se trata de una zona geológica que por su natural erosión por viento y lluvia simula la superficie lunar, rodeada de montañas color rojo desde donde se ve el pozo hacia el que convergen las calles citadinas.

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Valle de la Luna de La Paz

El transporte es un caos hecho armonía, donde los semáforos parecen decorar las calles y las sendas peatonales son puntos de  largada a la carrera por cruzar la calle sobreviviendo. Por la obvia complejidad del terreno no existen los colectivos tales como los conocemos en Argentina, sino que abundan (son plaga) los minibuses, con capacidad para unas 15 personas. Son el transporte por excelencia, paran donde uno les levante la mano y frenan cuando uno le indique “aquí me quedo”, con un costo de 2 Boliviano (de aquí en adelante Bs) en el área más urbana y de 2.6Bs en los barrios más retirados. También disponen de Trufis, son autos particulares que llevan a más de un pasajero a la vez, compartiendo el viaje, casi como un minibus pero pequeño, de variable precio dependiendo del destino. También existen los taxis comunes, tal como los conocemos, aunque no suelen tener un color distintivo y eso genera mucho trabajo informal haciendo que cualquiera pueda oficiar de taxista. Los taxis no están regulados por una tarifa ni poseen taxímetro, lo que hace que el valor sea pre-acordado con el conductor antes de abordar, pudiendo desarrollarse en pocos viajes el arte del “regateo”.

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Desfile de minibuses en El Alto, monumento al CHE Guevara.

Estas tres formas de movilidad sumados a los vehículos particulares generan una sinfonía de bocinazos constante al punto de naturalizarlo hasta casi olvidarse de él, pero que al recién llegado le hace preguntarse por qué la ciudad se llama así. También La Paz cuenta con un medio de transporte nuevo hace dos años, el teleférico, que no sólo es un muy eficiente medio de transporte sino también un atractivo turístico irreemplazable. Cuestan 3Bs y se puede recorrer varias estaciones, de longitud variable pero lo suficientemente extensas como para no desear los transportes terrestres. Hay de momento 3 líneas: roja, amarilla y verde. Están extendiendo la movilidad hasta El Alto, cruzando el Aeropuerto homónimo, pero aún está en obras dicha línea. Los diferentes ramales están conectados, como el amarillo con el verde, no así el rojo todavía que depende de la línea nueva Azul para interconectarse con el resto. Para poder cambiar de color hay que pagar de nuevo los 3Bs, lo cual puede encarecerlo, pero realmente sigue siendo mucho más ágil que por tierra, pudiendo cruzar desde el sur de la ciudad con la línea Verde, que nace en el barrio Calacoto, hasta El Alto empalmando con la Amarilla, gastando 6Bs pero haciendo este recorrido en unos 35′, mientras por tierra podría tomar hora y media o aun más.

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Ramales del Teleférico

No sólo se trata de tiempos y costo, sino de panorámica, ya que no existe otra mejor forma de disfrutar de la totalidad de la ciudad como desde el teleférico, el cual avanza unos 50 o más metros de altura, teniendo una panorámica espectacular de la bella y compleja capital a sus pies. Uno pensaría que está destinado al turista, pero son cada vez más paceños que lo eligen a diario para movilizarse por su ciudad y su rutina, facilitándoles los tiempos y mostrándoles su propia ciudad, que como suele sucedernos a los citadinos, nunca tenemos tiempo de contemplarlas de forma placentera.

Uno no percibiría la diferencia entre La Paz y El Alto, aunque la gente lo hace saber, los altinos no son paceños! “El Alto con vuelo propio” rezan los carteles municipales. Este último no merece explicar su nombre, separado de La Paz por una calle cualquiera por la que accedemos sin darnos cuenta, salvo por el detalle de encontrarse a 4000 m.s.n.m., esto es 400 metros más arriba que La Paz, en un recorrido tan imperceptible como quien cruza de un barrio al otro. El teleférico es el único que nos permite apreciar la pendiente hacia arriba que nos empuja a subir 400 metros y masticar aire para destapar los oídos. El Alto es la región más poblada, posee el Aeropuerto Internacional capitalino y una terminal Interprovincial que comunica a la ciudad con destinos como Tiwanaku, Coroico o Copacabana, siendo una parada más accesible a las rutas nacionales sin tener que penetrar en el centro de La Paz. En el centro del municipio está el barrio Ceja, una vituallas gigante de muchas cuadras con puestos y vendedores callejeros donde se puede comprar desde comida, candados, DVDs hasta tampones. Es básicamente una interminable feria al aire libre donde perderse comprando o simplemente observando la realidad socio-cultural y así poder empaparse un poco de la lógica andina en general, pero fundamentalmente boliviana en lo particular.

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La Ceja

No hay edad ni sexo fuera de la lógica, los más chicos trabajan a la par de sus padres mientras se la rebuscan en los tiempos libres para jugar en la calle con los otros chicos de la zona. Las mujeres parecieran ser las más diestras en el manejo de la cocina, condimento claro y obvio de una sociedad patriarcal como el resto de las latinas, siendo quienes venden comida en los puestos armados sobre los cordones donde nunca falta un banquito para sentarse a comer sus platos. Los hombres se emplean más en la construcción o en el transporte, donde poseer un vehículo puede ser una salida laboral relativamente más sencilla que obtener empleo en relación de dependencia. Según nos informaba un taxista un día, las leyes laborales nuevas son tan buenas para los trabajadores que los empleadores no quieren contratar, generando bolsones de trabajadores informales que se ganan la vida haciendo lo que sea. Es llamativo ver en muchas plazas que los trabajadores dejen su caja de herramientas o bolso al costado del cordón con un cartel que indica su oficio, a la espera de que alguien los levante para trabajar por jornada. También abundan los lustra bostas, sobre todo en el centro de La Paz, que suelen taparse la cara con un pasamontañas para no ser identificados ya que dicho oficio está mal mal visto, aunque curiosamente es altamente demandado, demostrando una clara hipocresía social. No hay oficio prohibido siempre y cuando lleve el plato a la mesa familiar, eso es lo único “formal” en las calles.

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El calzado brillante tiene su costo.

La inseguridad no pareciera ser un tema central, pero son muchos los barrios donde las paredes de las casas rezan “ladrón pillado será quemado vivo”, lo cual contradice ese sentir preliminar. La policía es poca y mal equipada, cuesta verlos por las calles que se alejan del centro histórico, siendo que bastante poco abundan por ahí también.

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El que avisa no traiciona

Aparentemente la justicia por mano propia o vecinal es la vía legítima en la que finalmente las cosas se resuelven, pero no puedo afirmar ni ahondar en este tema, tan sólo transmitir un sentir limitado. Resumiendo el tema, se puede transitar por las calles de La Paz sin sentir que algo vaya a pasarle a uno, tan sólo tener las precauciones obvias y utilizar los bolsillos con cierre si se poseen, puede que sea la forma más común de hurto en zonas con mucha gente.

La Paz puede merecer dos a tres días, es grande y tiene sus atractivos, de los cuales el Valle de la Luna y El Alto son ejemplos, y ambos suponen moverse bastante lo cual hace la estadía en La Paz más larga. Retomando sugerencias de nuestro host de Couchsurfing, Soki Ruíz, podemos recomendar que visiten el cementerio, el cual es una muestra del sincretismo entre tradiciones cristianas e indígenas. Al mismo se puede acceder con el teleférico rojo, con minibuses que digan “cementerio” o por unos 20Bs en taxi desde el centro. Cerca se encuentra la Avenida Max Paredes, la cual está llena de ferias de frutas y verduras pero también de amenidades en general. El Mercado Rodríguez atraviesa la Av. Max Paredes y le agrega mucho color a la calle por al menos 10 cuadras, repletas de verduras y frutas donde es difícil caminar. Por las Avenidas Montes y Santa Cruz se puede bajar hasta la iglesia San Francisco, construcción del siglo XVII que hace de lugar de encuentro de la gente, rodeada de calles comerciales donde obtener regalería o tours para hacer la ruta de la muerte en Coroico o visitar cualquier destino del país.

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Mercado Rodríguez

A metros de la iglesia está el mercado más grande de la ciudad, llamado Mercado Lanza, de 3 pisos de alto y casi una manzana de superficie. En el mismo cada nivel es un sector diferente con un color distintivo, donde se puede comprar artículos en general, como librerías o ferreterías, y más arriba el sector gastronómico donde se separan en dos, área de comida y bebidas y el área de cafeterías. El regateo de precios acá es moneda corriente, donde los vendedores te gritan sus precios al unísono intentando convencerte de que su ispi o trucha son más ricos o simplemente más barato.

Tengamos en cuenta un detalle: el agua. En La Paz, pero extensivo a muchas zonas de Bolivia, el agua potable escasea, teniendo un cronograma de distribución que puede variar semanalmente, pudiendo pasar dos o más días sin agua. La gente racionaliza mucho este invaluable recurso, y cuando tiene agua disponible en sus casas la cuidan mucho. Es común ver duchas eléctricas de pequeño tamaño donde el agua cae escasamente, pero lo suficiente como para cumplir su función. Las duchas que se acostumbran en otras latitudes acá son un lujo indigno del cual uno no sólo aprende a prescindir sino que también entiende que el agua no sale como por arte de magia de la canilla las 24hs del día. Efecto de la carencia sumado a la  conciencia andina tradicional de ver a la naturaleza y sus recursos como dádivas y premios de la Pachamama es que el agua es altamente valorada y respetada, por lo que sugiero intenten tomar este importante detalle para concientizarse sobre el particular y sean colaborativos con la gente del lugar, no malgasten sus recursos, el derroche de hoy es la sed de mañana. A raíz de esto y de la escasa potabilización del agua es que se sugiere que casi siempre tomen agua mineral, evítense un malestar estomacal o aun peor.

Luego se puede visitar la Plaza Murillo, centro de la ciudad donde un monolito indica el kilómetro 0 del país, rodeado del Palacio Legislativo, el Palacio Quemado (casa de gobierno) y la Catedral, con una inconfundible distribución colonial de las instituciones de poder. A cuadra y media se encuentra el Museo Etnográfico y Folcklore, un lindo lugar donde apreciar textiles andinos tanto antiguos como actuales, con una sala de máscaras que nos permiten comprender el valor de las danzas y rituales como la morenada, el caporale o la diablada, que son prácticas aún vigentes y de alcance nacional.

En líneas generales no abundan los hostel, sino que son más frecuentes los hostales, generalmente casas de familia con varias habitaciones y son los dueños quienes las alquilan, teniendo la posibilidad de regatear el precio. En el casco histórico de la ciudad hay algunos hostel con recepción todo el día, pero como dije, son los menos. Generalmente las toallas las cobran y no tienen desayuno incluido (ni pago), simplemente son lugares donde descansar y dejar las cosas durante el día de visita. Esto los hace menos cosmopolitas pero mucho más tradicionales pudiendo tener la chance de conocer a sus dueños y charlar, recibir recomendaciones de primera mano y por qué no, compartir un poco de este hospedaje familiero. Esta condición de hospedaje también los hace más económicos y eso muchas veces es lo que más se valora, después del todo cuando uno anda viajando no pretende mucho más que descansar y dejar sus cosas, no usando todos los servicios que un hostel puede ofrecer. No asustarse, WIFI tienen en general todos.

Habiendo visitado estos lugares sugeridos ya podrían considerar que se tiene un buen panorama de La Paz, ciudad más tradicionalista que cosmopolita como suelen ser las capitales, y que aunque comparte la capitalidad con Sucre, condensa una buena impresión de Bolivia en todos sus matices, pero siempre como anverso de la realidad total, ya que alejándonos de las grandes ciudades obtenemos esa otra cara mucho más real sobre la gente, su realidad social y su historia.

Tabla referencial de precios Enero 2017:

– Almuerzo con sopa y plato principal en Mercado 10/15Bs.

-Taxi dentro del centro 20/25Bs.

-Minibus 2Bs y 2.6Bs fuera del perímetro céntrico.

-Agua mineral 5/7Bs.

-Snack 5Bs.

-Cerveza Paceña litro 15/20Bs.

-Comida para compartir en restaurant 45/50Bs (recomendamos Alaya, calle Cochabamba al 100, cerca de plaza San Francisco).

-Teleférico 3Bs.

-Hospedaje habitación compartida 15/20Bs y privada matrimonial 40/50Bs.

-Transporte desde El Alto a Copacabana 25Bs.

-Transporte desde El Alto a Tiwanaku 10Bs.

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