Isla del Sol

La Isla del Sol constituye un lugar tan singular que sería injusto dejarlo meramente como parte de Copacabana, aunque políticamente dependa de ella. Al igual que la ciudad cabecera, la Isla se encuentra en las alturas del Lago Titicaca, pero como tiene una geografía escarpada con pendientes bastante pronunciadas es que llega a superar los 4000 m.s.n.m. El lago contiene muchísimas Islas en su interior, pero ésta es la más grande, más poblada y la más importante. Desde tiempos muy tempranos que se habitada de forma permanente, conservando actualmente comunidades con muy larga data sobre la Isla, como son las parcialidades de Challapampa, C’halla y Yumani. Las tres comunidades son visitables y paso obligado, aunque C’halla supone bajar del camino y descender a sus costas. Nosotros no pudimos visitar esta última, pero por lo leído y escuchado, es realmente recomendable. Yendo desde el sur al norte es más económico el peaje ya que una comunidad no se abona, costándonos 25Bs todo el camino, mientras de norte a sur cuesta 45Bs.

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Navegando hacia la zona norte de la Isla, bordeándola

Dichas comunidades hoy día están dentro del circuito turístico de la Isla, pero no solamente como postal, sino de forma activa, cobrando una especie de peaje a los visitantes con el cual poder subsistir y beneficiarse de la invasión de mochilas que no cesa en ningún momento del año. No esquivaré el nefasto debate que tal política de peaje suele generar entre los turistas, ya que contamina más de lo que esclarece y suele estar teñido de un etnocentrismo prejuicioso que lleva a que critiquen esta política mientras que, con completa genuflexión, pagan cualquier tipo de incoherencias y corrupciones estatales dentro de sus fronteras nacionales. Dejo más que explícita mi postura, en la cual considero que la autodeterminación de estas comunidades y sus prácticas sólo pueden ser entendidas y juzgadas dentro de la lógica interna de ellas mismas, que son quienes pagan las consecuencias de contaminación y excesos que el turismo conlleva, y del cual obtienen un minúsculo beneficio en comparación del daño que reciben. Poder obtener un beneficio es tan válido como el que estamos dispuestos a aceptar cuando visitamos Mar del Plata, Punta del Este, Río de Janeiro o cualquier destino de veraneo, donde somos robados pero con gusto y sin queja, mientras que nos quejamos cuando comunidades lo hacen, desde una clara posición de prejuicio etnocéntrico y/o racista. Hay que dejar de lado esa inclinación a aceptar el lucro por un lado y condenar la subsistencia por el otro. Hecha la necesaria salvedad, continúo con el relato.

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Playa en la bahía de la costa norte

Llegar a la Isla no tiene muchas alternativas, pero tampoco complicaciones, básicamente es en barco, los cuales salen en tres bandas horarios desde las costas de Copacabana, y su valor varía dependiendo de si compramos ida y vuelta en el día, tickets con día diferido, simplemente un tramo o si vamos a la zona sur o norte. La cuestión es que no supera los 25Bs lo más caro por lo general. El viaje nos toma unas 2hs hacia la zona Sur (la costa más cercana a Copacabana) y unas 3hs hacia la zona norte. Ambas opciones son igual de válidas, después del todo hay que retornar desde cualquiera de los lados y la suma de dinero dará lo mismo. La Isla es grande y merece ser cruzada en su totalidad, por lo que remarcaba que es lo mismo a dónde arriben. Nosotros optamos por ir a la parte más alejada, la norte, para así descender.

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Caída del Sol desde el sur

No quisiera adentrarme en la Isla sin hacer mención al viaje en barco. Fundamentalmente porque estamos navegando en el Lago Titicaca, de pie señores y señoras por favor. Son dos o tres horas inolvidables, de una intensidad de colores y sensaciones que nublan la mente por momentos, estamos viendo algo que cuesta creer y que con certeza no vemos más que un puñado de veces en la vida. Es ahí, en ese espectáculo armonioso y profundo que damos sentido y comprendemos por qué los Incas y tantas otras gentes creían que aquí, justo en este lago, nacía la vida, salía Wiracocha a dar luz y fertilidad, salían Manco Capac y Mama Ocllo a buscar la tierra sagrada… Jamás tuve la sensación de estar tan cerca del mar y del cielo, de tocar las montañas nevadas y el verde de los andenes de cultivo al mismo tiempo, pero cuando uno se encuentra en el centro del lago, todo eso se hace real. Y dije mar porque eso es, imposible pensarlo como un lago, casi un diminutivo para este lugar, para este mar de altura. Muchos creen que la frutilla del postre andino es Machu Picchu, bueno, sin negarlo del todo yo diré que la frutilla me la encontré varios kilómetros antes y fue acá, en el Titicaca.

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Atardecer en el lago

Llegamos a la parte norte y salimos a la cacería de hospedaje, lo cual no es del todo fácil siendo que de los barcos descienden de a docenas y los poblados no son tan grandes. Como habíamos adelantado, al bajar del barco pagamos el ticket que la comunidad Challapampa cobra, y son 15Bs. En la parte norte existe la posibilidad de acampar en la playa, la cual es larga y bastante cómoda. Realmente no recomendable en época de lluvia ya que las tormentas suelen ser muy fuertes en esta zona. Nosotros conseguimos en una casa de familia que estaba construyendo habitaciones para destinar a los viajeros, así que nos quedamos con Pedro y su familia. Sin duda de los hostales más bellos y hospitalarios que hayamos conocido jamás. Por debajo de la ventana de la habitación estaba la huerta de la familia, bien completa y tupida, con maíz, papa, yuca, lechuga, etc. Para rematar la maravilla que ya todo eso suponía, bien de frente, apenas levantando la mirada de la huerta, teníamos el Lago, a metros. Esa noche comprendí que no era un tipo tan desafortunado y normal como creía, ya que la anunciada tormenta llegó, se cortó la luz y todo se hizo más noche de lo que conocía, pero a los minutos paró, y nos regaló la más sublime y plena Luna llena de nuestras vidas.

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Y yo que pensaba que me perdía la Luna llena…

Minutos antes, en plena tormenta vemos que Pedro venía desde el Lago con un balde pesado y lleno de agua, subía a una escalera y cargaba el tanque de agua, todo para que pudiéramos bañarnos. El golpe de esa imagen fue tan fuerte que nos dejó reflexionando durante días, incluso ahora tipeando estas líneas. Simplemente no pude más que abrigarme y bajar a ayudarlo, a lo cual accedió tras mucha insistencia, y así pude conocer un poco más a ese tipo increíble que hubiera pasado por alto inmerecidamente. A orillas del Lago, estábamos viendo si remontar su bote para evitar que la corriente se lo llevara, pero como buen isleño y andino, me dijo que la tormenta pasaría, mientras yo pensaba que era una broma. Casi como si con ese pronóstico me diera las gracias, a los minutos salió la más dulce Luna del mundo, haciendo de aquella noche una anécdota que jamás borraremos. Así fue que la tormenta nos dio tregua para ver al más bello satélite y volver a su violenta labor puneña.

Pasamos la noche ahí y a la mañana siguiente la lluvia azotaba a la Isla, por lo que tuvimos que esperar unas dos horas para poder salir. No pudimos despedirnos de Pedro ni de Elvia, su hija, ya que se habían ido a Copacabana bien temprano por la mañana, acompañados por la tormenta. Ni bien pudimos emprendimos camino hacia el sur.

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Andenes de cultivos que decoran cuanto verde exista

Hay un camino  Inca que la atraviesa de sur a norte bien por el centro de la Isla, teniendo por momentos partes desde donde se puede observar el lago hacia ambos lados. Estamos hablando de una caminata de unas 4hs, aunque muchas veces se diga que son 2hs. El camino tiene un largo de 11km, y se encuentra a más de 4000 m.s.n.m., dónde el sol es abrasador, por lo que hacer postas de descanso es inevitable, demorando el viaje. Pero justamente en eso radica lo más bello del camino, en esas paradas contemplativas de un paisaje sacado de un cuadro. Como afirmamos más arriba, en cualquier sentido estaría bien, aunque por nuestra experiencia hacer el camino opuesto es más llevadero, ya que la Isla se hace más elevada hacia el sur. En fin, hicimos todo el trayecto con la mochila grande y en ascenso, lo cual fue matador para el cuerpo pero completamente renovador para el alma y los sentidos. Tener el placer de andar por caminos Incas no es algo de todos los días, menos aun visitar las construcciones que han quedado, como la laberíntica Chinkana en el norte. Es un laberinto realmente, con pasadizos para todos lados, y que al final lo corona una postal de la playa y la Isla Jochihuata al fondo. Sin duda es un camino cansador pero completamente gratificante.

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Camino Inca que cruza toda la Isla del Sol

Saliendo de la parte norte nos cobrarán el primer boleto para ingresar a la parte media donde se encuentra la comunidad C’halla, y cuesta 15Bs. Debemos tener en cuenta que puede llover intermitentemente durante el trayecto, por lo que conviene tener a mano nuestro pilotín para la lluvia. También el sol es fuerte así que protector de factor alto será algo innegociable. La puna tiene esta característica, la amplitud térmica puede variar desde cero grados hasta más de 30°, y el sol puede quemar muy fuerte así como la lluvia tomarnos por sorpresa en segundos. Una vez que lleguemos al sur de la Isla pagaremos el último ingreso, esta vez a la comunidad Yumani. La sur es tan bella como la norte, eso es indiscutible, pero en esta parte es más fácil recorrer construcciones Incas, teniendo relativamente cerca el famoso Templo del Sol de la Isla, el cual es impresionante. Tanto aquí como en el norte los hospedajes son baratos, básicamente los mismo valores que en Copacabana, yendo desde 20 a 40Bs dependiendo lo que se busque. La desventaja del sur es no tener playa, pero tiene una elevación y miradores desde donde se puede perder la cabeza contemplando ese mágico regalo que nos da la Pachamama, el gran Titicaca. Desde el sur se puede retornar a Copacabana, pero como ya remarcamos, perfectamente igual podría ser desde el norte, poniendo este relato cabeza abajo. La Isla merece no menos de dos días, calculando un día para cada parte, pero si pueden dedicarle tres mejor, así visitan C’halla, la cual se encuentra en el medio del camino que una las puntas.

Sin lugar a dudas la experiencia de visitar la Isla y navegar el Titicaca no pasará inadvertida en sus retinas y corazones, realmente permanecerá en primera plana siempre. Es un destino del cual uno se va sabiendo internamente que volverá, aunque no pueda precisarlo y no guste de repetir lugares, uno sabe que lo hará. Simplemente les pedimos que vayan con ojos ávidos de belleza y cultura, de Historia, de esa que se escribe con mayúscula, pero sobre todo vayan con la más grande de las humildades, lo precisarán, ya que allí se sentirán realmente minúsculos y sumisos ante la grandeza del Titicaca.

Precios estimativos Enero 2017:

-Cruce desde Copacabana: 20Bs ida o vuelta; 35Bs ida y vuelta. 25Bs ida o vuelta al norte.

-Hospedaje: desde 20Bs compartido, 30 doble con baño compartido, o 40 privado con baño privado también.

-Peaje de las comunidades: de Norte a Sur 40Bs, de Sur a Norte 25Bs.

-Almuerzo/Cena: 35Bs aprox con sopa. El norte es un poco más barato.

-Agua de 2Lt: 8Bs.

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